Sembrando vientos y semillas de esperanza

Silvia Ribeiro*

Desde el corazón de la tierra, que late en las milpas, en los arrozales campesinos, en los olivares, en cada puñado de semillas compartidas, en los arcoiris que forman las redes de los pescadores artesanales acariciando el sol cuando son lanzadas, en los bosques y sus pueblos indígenas, en las sierras andinas donde las campesinas hacen nacer papas de muchos sabores y colores, en los campamentos de los trabajadores sin tierra, de todos esos lugares y más, llegaron cientos de campesinas y campesinos a celebrar los veinte años de vida de La Vía Campesina. Más de 1500 personas, incluyendo aliados, amigos, voluntarios, convergieron en Indonesia del 6 al 13 de junio, en la VI Conferencia Internacional de la Vía Campesina titulada  Egidio Bruneto (en memoria de este compañero del Movimiento Sin Tierra de Brasil), precedida por la IV Asamblea de Mujeres de la Vía Campesina, y su III Asamblea de Jóvenes.

La Vía Campesina se ha convertido en el movimiento campesino global más grande de la historia, con más de 200 millones de miembros, de una gran diversidad geográfica, lingüística y cultural, agrupados en 150 organizaciones nacionales en más de 70 países. 

La VI conferencia internacional, su asamblea global, integró a 38 nuevas organizaciones, extendiendo su red al Oriente Medio, con Palestina; y a Australia.  Desde Turquía, la organización campesina de ese país trajo un saludo grabado en vivo desde las luchas que ahora mismo llevan en las calles. Todo comunicado en varios idiomas simultáneamente, gracias al trabajo solidario de setenta intérpretes de la cooperativa  internacional Coati.

Cada conferencia internacional de la Vía Campesina ha tomado decisiones que han marcado el camino en las luchas sociales en el mundo.  Por ejemplo, en 1996, en su segunda conferencia internacional, en Tlaxcala, México, acuñaron el concepto soberanía alimentaria, en oposición a seguridad alimentaria, que sólo contempla el volumen de alimentos a producir y no quién, cómo y para quién se producen. Desde entonces, el concepto ha recorrido el mundo, cambiando radicalmente el debate global sobre alimentación y agricultura.

En esta VI conferencia, uno de los hitos históricos fue haber designado una mujer como coordinadora internacional del movimiento, y trasladar la secretaría internacional por primera vez a África. Elizabeth Mpofu, campesina de toda la vida, nacida en la provincia de Masvingo, Zimbabwe, liderará la secretaría que se instala en su país.

La sede de la secretaría operativa de Vía Campesina se rota por decisión de las conferencias internacionales, que también aprueba la integración de su organismo de coordinación, un comité integrado por 18 representantes, una mujer y un hombre de cada una de sus nueve regiones en Asia, África, Europa y las Américas.

El traslado de responsabilidades sucedió en una ceremonia colectiva, festiva y acompañada de cantos, música, poesía y teatro que componen la “mística” de la Vía Campesina, como le llaman sus integrantes.  En uno de los momentos muy emotivos de esta conferencia, la coordinadora Elizabeth Mpofu, ante el anuncio de su nueva responsabilidad, se hincó en el suelo, colocando su cabeza y manos en la tierra, repitiéndolo hacia los cuatro puntos cardinales de la asamblea que la rodeaba en amplio círculo, en un gesto tradicional shona, su cultura y lengua materna. Diametralmente opuesto a la arrogancia de los que asumen cargos en la mayoría de organizaciones o partidos, Elizabeth marcó claramente su “mandar obedeciendo” en ritmo africano.  Remarcó que no era un reconocimiento a su persona, sino al trabajo de todas y todos  y que traía consigo, como su principal aporte y herramienta para la tarea a cumplir, el sentido comunitario de la vida, trabajo en equipo y lucha de las comunidades campesinas e indígenas de África.  Como una reafirmación más de esta voluntad de hacer visibles a los pueblos y sus luchas, se designó al País Vasco como sede de la próxima conferencia internacional, en cuatro años.

Sin duda, Vía Campesina se ha convertido a sus veinte años en un referente mundial de los movimientos sociales y organizaciones de todo el mundo, y en un actor que no pueden ignorar gobiernos e instituciones internacionales.  Es un camino construido desde abajo, desde la luchas locales, en una articulación global que no ha estado exenta de dificultades y desafíos, pero que sigue afianzándose.  En esta asamblea, se volvió a marcar el rumbo de lucha contra las transnacionales, con Monsanto como un exponente principal, contra los acaparamientos de tierra, el latifundio y la devastación de territorios por minería y otras industrias, contra la llamada “economía verde” y la mercantilización de la naturaleza, contra la criminalización de los movimientos. También afirmaron la construcción de alianzas campo-ciudad y por supuesto, la vía campesina y agroecológica de producir alimentos, siguiendo su tarea de derrumbar el mito de que los campesinos e  indígenas son marginales. Por el contrario, son centrales a la sobrevivencia de todos y del planeta, son los que alimentan al 70% de la humanidad, con solo 20% de la tierra arable global y son los que así enfrían el planeta y cuidan la tierra y el agua.  

La conferencia se pronunció también contra la siembra de maíz transgénico en México, su centro de origen, que ven como un crimen global contra el legado de semillas que han brindado las y los campesinos desde hace diez mil años y que pretenden apropiarse y contaminar las trasnacionales. Seguirán enfrentando la lucha permanente de la Vía Campesina, sembrando vientos y semillas de esperanza.

*investigadora del Grupo ETC

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