Informe de la Sociedad Real sobre geoingeniería y el clima

¿Geoingeniería o geopiratería?

Estando bajo la dirección del presidente de la Sociedad Real (Academia de Ciencias del Reino Unido), Lord Martin Rees, y comentado por James Lovelock, padre de la Hipótesis de Gaia, el reporte recién publicado de esta academia[1], que analiza las posibilidades de rediseñar el mundo por medio de la geoingeniería para salvarlo de la crisis del clima, podría parecer la encarnación personificada del principio precautorio. Después de todo, fue el propio Lord Rees quien, en su libro de 2004, Our Final Century (Nuestro último siglo), nos advirtió que la arrogancia tecnológica podría aniquilar un millón de vidas por medio del “bioerror” o el “bioterror” antes del 2020. Se trata de un hombre precavido que no está dispuesto a creer ciegamente en “balas de plata” tecnológicas. Asimismo, el Dr. Lovelock ha enfatizado su alarma sobre el inminente caos climático —inclinándose hacia la geoingeniería pero igualmente preocupado por las posibilidades “kafkianas” de los intentos por parte de científicos y gobiernos de recalibrar voluntaria y súbitamente el termostato planetario.
 
La cobertura mediática del reporte ha sido confusa.[2] Esto no sorprende, ya que la venerable Sociedad  Real, contradiciéndose a veces, hizo todo lo posible por parecer equilibrada — ¡una hazaña acrobática que supera a la mayoría de los académicos! Sin embargo, hay dos mensajes inequívocos: (1) Urge tomar medidas de mitigación y adaptación al cambio climático y la primera tarea es reducir las emisiones de GEI, y (2) La geoingeniería es un “Plan B” creíble, aunque no probado, en caso de que la mitigación fracase. Aunque se puede aplaudir a la Sociedad Real por la primera parte del mensaje, la frase se ha convertido en un mantra obligatorio para enunciar el segundo: que se debe financiar y probar la geoingeniería. Después de todo, la mayoría de los autores del informe tienen menos credenciales precautorias que Rees y Lovelock. Muchos participan activamente en la investigación y desarrollo de la geoingeniería, y/o buscando apoyo financiero y propugnando tecno-remedios planetarios específicos.
 
Desde ciertos puntos de vista, la geoingeniería como una “póliza de seguro”, puede parecer sensata, práctica y hasta precautoria. Pero, les guste o no, esos puntos de vista (sean autores o comentadores del informe) están condicionados geográfica o incluso geopolíticamente. Visto a la luz de la política real,  el respaldo explícito del reporte a la investigación en geoingeniería y a realizar experimentos en el mundo real —y su negativa a rechazar la consideración ni de los proyectos más estrafalarios[3]— es altamente preocupante.
 
El reporte sólo puede parecer precautorio si se lo lee desde la perspectiva de los países de la OCDE, principalmente Estados Unidos, Europa y Japón. Los remedios tecnológicos se han vuelto el opio de los políticos: son la mejor forma de evitar tomar decisiones que podrían parecer impopulares para el sector empresarial, dejando que los problemas de fondo se desdibujen (por lo menos hasta las próximas elecciones) en la apacible bruma azul de un mechero de Bunsen.
 
Los autores del reporte opinan que la geoingeniería sería un Plan B insatisfactorio y ojalá distante, que sólo debe ser considerado si uno o más eventos climáticos decisivos acercan a la humanidad a la catástrofe: por ejemplo la emisión rápida de gas metano de la tundra ártica; un colapso repentino de las masas de hielo de Groenlandia; o quizás la incapacidad de los gobiernos, durante la crucial conferencia sobre el cambio climático en Copenhague este diciembre, de establecer un camino creíble para salvar al planeta del caos. El reporte reconoce que hay muchas maneras de intervenir el planeta con geoingeniería y admite que sabemos muy poco sobre los impactos sociales y ambientales. Los autores proponen que el gobierno británico invierta la modesta suma de 10 millones de libras anuales durante 10 años para la investigación en geoingeniería. Se les asegura a los lectores que la mayor parte de esta investigación será en la forma de monitoreo y simulaciones de computación; pero el reporte también recomienda pruebas de campo para varias tecnologías. En comunicaciones directas con la Sociedad Real, afirman que, como grupo científico, sería irresponsable no estudiar la geoingeniería y ofrecer a los gobiernos y a la sociedad su mejor análisis de los riesgos y beneficios. Mencionan el creciente interés mediático en la geoingeniería en los últimos meses e insisten que tienen la obligación de asumir la ingrata tarea de aportar “rigor científico” a un debate cada vez más polémico.
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