monitoring power

Monitoring power

La concentración de poder de las corporaciones es la característica que define a la economía global de hoy, lo que tiene profundos impactos en el bienestar, el sustento, el ambiente y los derechos humanos. El Grupo ETC lleva mucho tiempo vigilando a los “Gigantes genéticos” (que acumulan poder en su control de las semillas, los agroquímicos, los fármacos, la biotecnología, la genómica y el procesamiento y distribución de alimentos). Hoy, muchas de las mismas grandes corporaciones promueven el uso de las nuevas tecnologías, como la nanotecnología y la biología sintética, para la transformación de la biomasa en productos con mucho valor agregado, o para fabricar materiales “desde cero”. Se están moviendo de ser los “gigantes genéticos” a ser los “amos de la biomasa” o incluso los “magnates de la materia”.

El cambio tan rápido en el ámbito de la propiedad intelectual, junto con la baja en los presupuestos de investigación, han marginado el papel de la investigación agrícola que hace el sector público tanto en países de la OCDE como en el Sur. Estamos presenciando una variedad de alianzas nuevas entre los sectores público y privado. El Grupo ETC está preocupado por la negación del bien público y la apropiación de la investigación pública para el lucro privado.

Las armas biológicas no son nada más que microorganismos o toxinas derivados de organismos vivos que se usan deliberadamente para provocar la muerte o enfermedades en humanos, animales o cultivos. El tema de las armas biológicas incluye las aplicaciones militares de la biotecnología y su impacto en las instituciones democráticas.

Biopiratería, un término acuñado por el Grupo ETC —cuando nos llamábamos RAFI— se refiere a la apropiación del conocimiento y los recursos genéticos de las comunidades indígenas por parte de los individuos o las instituciones que buscan control monopólico exclusivo (patentes o propiedad intelectual) sobre esos recursos y conocimiento de las comunidades agrícolas y los pueblos indígenas. Mediante la nanotecnología —y las patentes relacionadas con la biología sintética— los reclamos de propiedad intelectual se está nextendiendo ahora a los elementos de la tabla periódica y a las rutas metabólicas clave neesarias para el funcionamiento celular (y que resultan en productos naturales con valor comercial muy elevado).

La modificación genética de plantas, para producir semillas estériles (a lo que el Grupo ETC apodó tecnología “Terminator”) ha sido ampliamente criticada como una aplicación inmoral de la biotecnología. Si llega a comercializarse, Termminator evitaría que los agricultores pudieran usar nuevamente la semilla de su propia cosecha, obligándolos a comprar semilla comercial cada nuevo ciclo. Terminator es un conjunto de estrategias tecnológicas y legales que las corporaciones están desarrollando apra ejercer control monopólico sobre la materia viva, estrategias a las que el Grupo ETC se refiere como “nuevos confinamientos.” Los nuevos enfoques no relacionados con patentes, tales como el control de rasgos genéticos, el espionaje satelital y los derechos sobre manejo de software podrían usarse para imponer nuevos monopolios más allá de la propiedad intelectual como el medio predominantes para el control corporativo en este siglo 21.

La nueva “bioeconomía” describe la idea de un nuevo orden industrial que depende en materiales de base biológica, tecnologías y “servicios” de los ecosistemas. Es un término inventado por la industria de la biotecnología pero que cada vez es más utilizado por los elaboradores de políticas, tecnólogos y empresas de energía global, forestal, agrícolas y compañías químicas. Estos sectores industriales colaboran para construir esta vision de un nuevo futuro de alta tecnología, con técnicas como las de la biología sintética y la nanotecnología para transformar la biomasa “viva” en combustibles, químicos y energía. Sin embargo, lo que se promueve como un cambio “verde”, de los combustibles fósiles a la producción de base biológica, implica afinar todas las técnicas y políticas que faciliten el acaparamiento de los territorios y sus recursos, especialmente en el sur global, donde se encuentra el 86% de toda la biomasa planetaria. La bioeconomía amenaza la biodiversidad, impulsa los acaparamientos de tierras y posibilita nuevos reclamos de las corporaciones sobre la naturaleza.