Embarazos Transgénicos

15 Junio 2002

Jerry Rosman cría cerdos en Shelby, Estados Unidos, desde hace más de 30 años. Hace dos años los partos de sus animales disminuyeron hasta llegar a 20 por ciento de las crías que obtenía antes con sus 200 cerdas. Rosman empezó controlando posibles enfermedades, luego condiciones ambientales, calidad del alimento, rutinas de seguimiento de los embarazos. De octubre de 2000 a agosto de 2001 supervisó personalmente todos los embarazos: las cerdas seguían el ciclo normal, las pruebas de laboratorio indicaban embarazos, pero sólo 20 por ciento llegaba a término, el resto ni abortaba ni paría, el embarazo desaparecía. Las cerdas volvían a entrar en celo y el proceso de los seudoembarazos se repetía.

Los niveles de estrógeno daban normales en pruebas realizadas en la Universidad de Missouri. Los análisis de laboratorio de sangre y tejidos no indicaban ninguna de las enfermedades conocidas. Finalmente decidió sacrificar parte de sus animales. Las autopsias mostraron que no tenían embarazos reales, sino solamente líquido. Entonces Rosman oyó que otro criador también estaba sacrificando a sus animales por razones similares. Pronto averiguó que cuatro criadores, en un radio aproximado de 10 kilómetros, sufrían el mismo problema, aunque tenían métodos de crianza diferentes y cerdos distintos genéticamente. Al comparar con los otros productores afectados, encontró una constante: todos alimentaban a sus cerdos con maíz transgénico, del tipo Bt (manipulado genéticamente insertándole el gen de la toxina de la bacteria Bacillus thuringiensis para hacerlos insecticidas).

Las pruebas de laboratorio revelaron que el maíz tenía altos niveles de moho provocado por dos cepas del hongo Fusarium. Aunque los técnicos consultados afirmaron que no había una relación conocida de causa-efecto para que el maíz transgénico produjera los seudoembarazos, uno de los productores decidió cambiar a otro tipo de maíz, y sus cerdos se recuperaron, volviendo a la producción normal de crías.

El caso fue publicado en el Iowa Farm Bureau Spokesman (4 de mayo de 2002), lo que dio origen a que Rosman recibiera numerosas llamadas identificando por lo menos a otros 12 productores con problemas similares. Las llamadas vienen principalmente de productores pequeños, que producen su propio grano. Rosman piensa que por el hecho de que él plantara 100 por ciento de este tipo de maíz y se lo diera a 100 por ciento de su población de cerdos, mostró el problema con tanta claridad. Cree que puede ser el caso de muchos otros productores que aún no lo han diagnosticado. Rosman lleva gastados cerca de 7 mil dólares en análisis realizados por cinco reconocidos laboratorios estatales y universitarios.

Gary Munkvold, un fitopatólogo de la Universidad estatal de Iowa, comentó que por la amplitud de las pruebas que hizo Rosman para eliminar otras causas de los seudoembarazos, y el hecho de que con el cambio de alimento desaparecieron los síntomas, se puede suponer que están en la pista correcta al creer que el maíz Bt fue la causa. Sin embargo, dijo, en estudios realizados en laboratorio, el maíz Bt generalmente ha mostrado menor frecuencia de contaminación con Fusarium que el maíz convencional. Según Munkvald, esto se debe a que el maíz Bt no sufriría los ataques del barrenador europeo del maíz, situación que favorece las infecciones de Fusarium.

No hay todavía una explicación científica de lo que está sucediendo. Ninguna de las instancias que aprueban transgénicos en Estados Unidos lo hubiera podido prever, ya que no requieren pruebas en condiciones reales de producción, y lo que se ve en un laboratorio es muy limitado con respecto a las variables que se encuentran luego en el ambiente real y en condiciones de producción verdaderas.

Los niveles de incertidumbre sobre los efectos ambientales y la salud de los transgénicos son altos, y los únicos que ganan con esto son un puñado de empresas trasnacionales que monopolizan las semillas transgénicas y quieren recuperar rápidamente sus inversiones, sin importarles qué consecuencias puedan tener sobre la gente, los animales y el ambiente. Para ellas se discuten las leyes de bioseguridad y se elaboran normas que aseguran la legalidad, pero no la seguridad. Por si fuera poco, los transgénicos desplazan -por contaminación o mercadeo- otras alternativas de producción probadas, culturalmente apropiadas y seguras para la salud y el ambiente.

Es muy probable que el maíz criollo de México se haya contaminado con grano transgénico del tipo Bt, ya que es uno de los tipos más comunes en el mercado. Seguramente también está presente en los granos que entran por importación o ayuda alimentaria a países de América Central y de Sudamérica.

Si los campesinos lo plantan en la ignorancia de que es transgénico están contaminando sus propias variedades con efectos inciertos. Y si se los dan a su ganado o lo estamos comiendo en procesados de maíz, tal como es el destino declarado por los países receptores del grano... ¿podría ser aún peor? Quizá en cierto tiempo los científicos puedan explicar el caso de Rosman. A costa de los consumidores, los productores y su ganado, a quienes nos usan como "cochinillos" de indias gratuitos de la industria biotecnológica.

 

Silvia Ribeiro

Artículo publicado en La Jornada, México, 15.06.2002

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